Alcohol y Sexo

El alcohol se ha considerado por muchas personas como un poderoso estimulante y/o excitante sexual, pero en los trabajos de investigación llevados a cabo se ha constatado que, tanto en hombres como en mujeres, produce efectos negativos sobre las señales fisiológicas de excitación sexual.

En el hombre, en concreto, dosis incluso inferiores a las que se establecen como limite legal para determinar si la persona esta o no embriagada (0.08 %) producen efectos de supresión de la erección. Así mismo el alcohol debilita la eficacia masturbatoria y disminuye el goce y la intensidad del orgasmo masculino.

En las mujeres, incluso ingerido con moderación, dificulta la respuesta orgásmica.

La percepción que tienen las personas de las bebidas alcohólicas es que son euforizantes. Dan un punto de chispa que facilita las relaciones sociales. Por eso se consumen en las fiestas y cuando se está en grupo. Hay quien lo consume para darse ánimos e iniciar una acción que no sería capaz de realizar sin tener un poco de alcohol en la sangre. Incluido abordar a alguien para proponerle relaciones sexuales.

Lo cierto es que esa apreciación es errónea. El alcohol no es una sustancia estimulante. Muy al contrario, es un depresor del Sistema Nervioso Central; como sucede con los tranquilizantes. Lo que produce el alcohol tomado en dosis moderadas es un ligero embotamiento nervioso-cerebral. Al hacerlo, consigue reducir los frenos permanentes que nos imponemos en el contacto social. Así, lo que el alcohol consigue es reducir las inhibiciones. Y sin inhibiciones, el comportamiento se hace más atrevido y se asumen riesgos que de otro modo no se tomarían. A grandes dosis, la depresión del cerebro aumenta, reduce la conciencia y lo seda hasta poder llegar a dormirlo…, o ponerlo en coma.

El alcohol es un potente depresor del sistema nervioso, de forma que sus efectos son claramente apreciables tras la ingestión aunque solo sea de dos o tres copas. Sin embargo las personas suelen ver al alcohol como una substancia que incrementa su funcionamiento sexual. En la encuesta de Athanasiou Shaver y Tavris (1970) se encontró que el 45 % de los hombres y el 68 % de las mujeres consideraban que el alcohol incrementaba su disfrutar del sexo. Este hecho de que la mayor parte de las personas considera que el alcohol es estimulante, o al menos así lo perciban, y que aumenta su capacidad para la respuesta sexual, puede deberse a su efecto desinhibidor.

Como depresor central disminuye el funcionamiento de niveles superiores del cerebro, lo que permite una mayor autonomía de centros inferiores, (zonas más antiguas del cerebro), entre ellos los implicados en las respuestas emocionales. De esta forma las emociones se amplifican funcionalmente al disminuir el “filtro” o “mecanismo controlador” que supone la actuación de segmentos superiores cerebrales.

En consecuencia el alcohol puede alterar los comportamientos convencionales y hacer a la persona más relajada al permitirle perder el control sobre algunas de sus emociones y desinhibir conductas que ha aprendido a controlar en situaciones sociales.

De esta forma puede facilitar la aparición del impulso sexual, pero dado que también inhibe partes del SNA (Sistema Nervioso Autónomo), implicadas en la respuesta de erección, dificulta el que esta pueda llevarse a cabo y en consecuencia dificulta la penetración y el coito.

Una de las cosas que pueden suceder es que el proceso de excitación del organismo no funcione correctamente. Sus consecuencias serán: dificultades para obtener la erección en los chicos, y problemas para que la vagina se humedezca en las chicas.

Por eso, las actividades sexuales que siguen a una noche de discoteca y alcohol finalizan en fracasos en un número importante de ocasiones.

Quizás no haya quedado claro hasta ahora: el alcohol es mal compañero de viaje cuando deseamos mantener actividades sexuales.

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